La pornografia disminuye el deseo

La pornografia disminuye el deseo

Se dice que el consumo de material pornográfico reduce las ganas de tener sexo real. ¿Es cierto?
El mundo de la pornografía mueve millones, siendo una de las industrias más rentables a nivel global. Si bien en el pasado era considerado algo vergonzoso, hoy en día existen pocas personas que no hayan visto nunca ningún tipo de material pornográfico. Pero desde sus inicios se ha generado controversia y debate con respecto a los efectos que su consumo puede tener, especialmente en el ámbito de la pareja.

A algunas personas les parece una traición semejante a una infidelidad que su compañero/a sentimental visualice vídeos pornográficos o que creen que lo hacen porque ya son queridos/as por ello. ¿Es esto verdad? ¿La pornografía destruye la calidad de las relaciones? Empecemos definiendo aquello de lo que estamos hablando, que es frecuente confundirse.

¿Qué entendemos por pornografía?
Como la mayoría de personas ya sabe, el porno o ponografía es aquel conjunto de obras o representaciones de contenido sexual explícito que son generados con el propósito de excitar o satisfacer a sus espectadores o espectadoras.

Si bien en la actualidad el consumo de pornografía es mayoritariamente a través de la red y se basa en contenido audiovisual en forma de vídeos. También se considera como tal todo aquel tipo de estímulos que reúnan las características anteriormente descritas. Así, podemos encontrar fotografías o revistas pornográficas o incluso relatos escritos.

Pero hay que distinguir pornografía de erotismo. Mientras el erotismo trata en parte también de provocar la atracción del usuario a través de la insinuación (pudiendo incluir o no desnudos íntegros y actitudes sexuales) y puede estar ligado a lo artístico, en el caso de la pornografía se muestra de manera íntegra con el fin básico de obtener gratificación sexual. También es importante tener en cuenta que lo que es considerado pornográfico puede variar enormemente entre culturas, entre sujetos de una misma cultura o incluso en diversos momentos para un mismo sujeto.

Una vez visualizado el concepto de pornografía, podemos observar que efectos tiene el porno en el mundo de la pareja.

Efectos del porno en las relaciones de pareja
Desde el surgimiento de la pornografía y el estudio de los efectos de ésta sobre la población que lo consume, ha aparecido la controversia de cómo puede afectar al funcionamiento de una pareja.

La respuesta a cómo puede afectar el consumo de pornografía a una relación de pareja depende en gran medida de las características y consideraciones de cada uno de sus componentes. Existen personas que siguen viendo el consumo de pornografía como una traición o algo preocupante que se traduce en falta de deseo hacia la propia persona. El motivo de este conflicto suele ser la inseguridad, el miedo a perder a la pareja o a no ser deseado.

En este sentido, un estudio llevado a cabo en 1989 afirmaba que los varones consumidores de estos productos terminaban por sentir un menor interés sexual y afectivo por sus parejas, al considerarlas menos atractivas en comparación. Sin embargo, aunque este estudio tuvo amplias repercusiones fue realizado con una muestra muy pequeña que en realidad no permitía la generalización de los resultados.

Una conclusión más reciente
Más recientemente, dicho estudio ha sido replicado con una muestra mucho mayor. A través de varios ensayos, se ha pretendido evaluar el impacto del visionado de pornografía y su efecto en la atracción y sentimientos de los analizados respecto a sus parejas.

Los resultados han reflejado que no existe una relación entre ambos factores. De este modo se puede considerar que no, el consumo de pornografía (siempre y cuando no existan factores como adicción o se emplee como vía de evitación y escape de la realidad de forma frecuente) no genera una disminución del deseo o de la estima por la pareja.

Asimismo hay que tener en cuenta que la consideración dada al sexo y la sexualidad en general han evolucionado a lo largo de la historia, existiendo cada vez mayor información y presencia de elementos de índole sexual en nuestro día a día. Esto hace que con el tiempo cosas como el consumo de pornografía se haya vuelto algo mucho más extendido y normalizado, con lo que la idea de que uno de los miembros de la pareja vea porno no resulta tan extraña y es menos proclive a vivirse de forma negativa.

Efectos beneficiosos de su consumo
De hecho, en la actualidad el consumo de pornografía puede incluso ser beneficioso para muchas parejas.

Y es que a menos que se utilice como único medio de aprendizaje sexual, el porno puede proporcionar numerosas ideas con respecto a formas de disfrutar de la sexualidad de modos distintos a los usuales. Existen parejas que ven este tipo de materiales de manera conjunta, empleándose como una manera de estimularse y aumentar la libido a la par que les proporciona ideas con respecto a diferentes juegos y formas de disfrutar su sexualidad de manera conjunta. A nivel individual puede estimular la imaginación y el deseo.

Asimismo en la pornografía generalmente se integran aspectos y personas de distintas procedencias y orientaciones. Puede ayudar a romper ciertos tabúes, así como en algunos casos puede ayudar a algunas personas a conocer su propio cuerpo (por ejemplo en aspectos como la masturbación femenina, la cual aún hoy en día sigue suponiendo un cierto tabú en algunas personas) y maneras de estimularlo.

También puede usarse como herramienta para explicitar y comunicar deseos y fantasías que de forma habitual no serían expresadas. De hecho, en ocasiones es recomendable en algunas terapias maritales, puesto que ayuda a aprender y compartir momentos juntos de estimulación física y mental.

Situaciones en las que sí puede resultar dañino
Si bien el consumo de pornografía no es negativo ni tiene por qué provocar daños en la relación, como ocurre con la mayoría de las cosas puede ser negativo si se utiliza de modo disfuncional o de forma excesiva.

Es lo que ocurre en aquellas personas que acuden al porno como vía de escape de problemas con la pareja, empleándolo para alejarse y no afrontar los conflictos. Lo mismo ocurre con personas muy retraídas y con habilidades sociales pobres que pueden recurrir a estos materiales como mecanismo de compensación, limitando su interacción. En estos casos puede registrarse la existencia de bajo estado de ánimo y autoestima y el uso de pornografía únicamente genera un alivio temporal para posteriormente disminuir el estado de ánimo.

Asimismo, en algunas personas el porno puede generar adicción. Y es que como con toda adicción, nos encontramos con un consumo frecuente y prolongado en el tiempo de un estímulo del cual con el tiempo se va precisando mayor y mayor cantidad para obtener los mismos efectos. El sujeto puede pasar un tiempo excesivo y limitar sus interacciones con el medio (incluyendo la pareja) y dejar de lado otras responsabilidades y actividades. Asimismo, la retirada o ausencia de éste puede causar una elevada ansiedad, irritabilidad y hostilidad que puede terminar causando graves perjuicios en la relación.

Otros efectos adversos
Otro caso en el que puede resultar perjudicial es cuando se emplea el porno como el único medio de aprendizaje sexual. Hay que tener en cuenta que en el mundo de la pornografía se reflejan relaciones sexuales entre actores y actrices que suelen destacar por su físico y sus atributos sexuales, unas relaciones que además tienen unas características concretas (elevada duración e intensidad, roles y actitudes determinados durante las relaciones...) y que se centran en la genitalidad.

De este modo, se normalizan determinados estímulos y formas de proceder que pueden provocar expectativas de lo que supone una relación sexual satisfactoria que luego pueden resultar difíciles de cumplir en la realidad. También se corre el riesgo de obviar y trivializar los aspectos afectivos y puede que se identifique únicamente la penetración con la obtención de satisfacción, sin tenerse en cuenta otras actividades que pueden resultar eróticas y placenteras como masajes, besos, juegos o caricias.

Referencia:psicologiaymente.com

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